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El Sol y la Luna

El Sol y la Luna

Hubo un tiempo en que el Sol y la Luna vivían juntos. Jugaban a atraparse por entre las nubes y a esconderse tras los relámpagos. Cantaban, bailaban, reían. Un hermoso día, no sabemos el porqué, la Luna empezó a llorar.

―¿Qué te pasa? ―preguntó alarmado el Sol.

Pero la Luna no se atrevía a hablar. Pasaron uno, dos… y hasta trescientos sesenta y cinco días. Entonces el Sol le dijo:

“Amiga Luna, yo no te quiero ver llorar. Explícame qué te ocurre y déjame ayudar.”

Fue así como la Luna al fin le explicó:

“Hermoso Sol, yo ya no soy feliz. Tus rayos son tan poderosos que ciegan mi luz. Quisiera yo también iluminar con mi resplandor a la Tierra.”

El Sol se sentó sobre una pesada nube, y empezó a girar y a girar y a girar. Estaba pensando. De repente, exclamó:

“¡Ya lo tengo! Compartiremos el cielo.”

Fue así como el Sol y la Luna dibujaron una gran línea en el firmamento. Llegaba el alba y salía el gran Sol dispuesto a iluminar el nuevo día con sus rayos poderosos, mientras que la Luna se calzaba las zapatillas y se escondía tras las montañas. Llegaba la noche y asomaba su hermosa cabellera la Luna a la par que el Sol le bostezaba las buenas noches. Ya no jugaban las veinticuatro horas del día, pero aprendieron a aprovechar los breves minutos del atardecer y el amanecer para desearse lo mejor.

NOTA: Este cuento lo escribimos a petición de unos amigos que no sabían cómo explicarles a sus hijos que se iban a separar.

Esta entrada tiene 1 Comentario

  1. Artefacto says:

    Precioso.
    Ves, la luna nos une.

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