Bloc de notas

Comiendo con Andy Warhol

Comiendo con Andy Warhol

¿Es un monstruo o un portacontenedores? Cabrán lo menos seis mil cajas de esas. Descargan algunas. Con grúas gigantescas que semejan arañas de Louise Bourgeois. Alcanzan con sus patas imantadas contenedor tras contenedor y los depositan sobre el muelle como si de piezas de un juego de lego para adultos se tratara.

Ascendemos por la pasarela. Es como escalar una cima. Las manos ennegrecidas de grasa al agarrarse a las cuerdas e intentar mantener el equilibrio. Arriba nos espera un marinero. Es filipino. Al punto avisa por ‘walkie-talkie’ a capitanía del buque y en nada aparece un oficial alemán.

Nos lleva por un pasillo más ancho de lo habitual. Hay en las paredes reproducciones de obras de arte que denotan sensibilidad por parte del armador. Llegamos al comedor popular: el destinado al grueso de la marinería. Tres mesas largas se alinean y cuatro marineros se disponen a comer.

Hay en los platos arroz blanco y una salsa espesa con tropezones de color casi oscuro como el petróleo. Es ‘dinuguan’, uno de los platos preciados de la comida filipina. Consiste en un estofado de sangre de cerdo y despojos de carne, cocido todo ello a fuego lento y condimentado con ajo y chile. Nos invitan a almorzar y de aperitivo nos ofrecen pescadito frito. Solo que ellos lo secan al sol y luego lo fríen en aceite sin enharinarlo primero.

Nos sentamos a la mesa. Frente a nosotros, en la pared central, hay una reproducción enorme de una de las famosas latas Campbell’s de Andy Warhol. Curiosa correspondencia en este mercante cuyas paredes están adornadas por cuadros de diferentes procedencias y épocas. Es como un museo itinerante sobre el mar. Ahora sí sé que existen.

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